Dos conceptos escucho con frecuencia desde el comienzo de la crisis económica, a la que dio el pistoletazo de salida la defunción de aquella cueva de ladrones llamada Lehman Brothers. Uno es el de la “zona de confort” y otro el de “reinventarse”.

La zona de confort es aquella en la que controlamos todo lo que está a nuestro alrededor, en la que nada nos resulta estresante, donde nos sentimos cómodos y seguros. Nuestro refugio. Y de la misma manera que en una inclemente noche de tormenta nos resistimos a traspasar la puerta que nos separa del ululante exterior, somos reacios a abandonar ese espacio por otro que, por desconocido, se nos antoja peligroso.

Si tras años realizando una actividad de manera invariable adquirimos la aterradora conciencia de que no existe futuro, o modificamos los protocolos de actuación o, simple y llanamente, nos vemos abocados a otro comienzo. En definitiva, reinventarse o morir.

Ambos conceptos se entrecruzan. Lo habitual es que reinventarse suponga salir de la zona de confort y visitar el proceloso mundo de lo desconocido.

Escribir ha supuesto para mí, entre otras muchas cosas, reinventarme. Aun así, durante un par de años y medio me he situado en una acogedora zona de confort: en una habitación, ante un amplio ventanal que la inundaba de luz, con la única compañía de una pluma, folios, un ordenador y el silencio. Nada expuesto, en definitiva.

Por suerte o por desgracia ese tiempo ha acabado y de manera inevitable, mi proceso de reinvención exige abandonar esa zona de confort. Mi primera novela ya ha visto la luz y mi deseo es que sea leída, devorada más bien, por el mayor número de personas. Así que debo presentarme al mundo, intentar que sus focos incidan sobre mí, me hagan visible, ser el centro de atención en la medida de lo posible. Hoy en día, el autor es el primero que debe promocionar su obra.

Confieso que estoy asustado. Dicen que reconocerlo es el primer paso para superarlo. Aún así, soy consciente de la encrucijada ante la que me encuentro. Un camino se presenta cómodo, sin curvas peligrosas, conocido. Y otro, repleto de puertas cerradas que ocultan retos, sacrificios, recompensas e incertidumbre. La decisión está tomada, abandono del todo mi zona de confort escogiendo el segundo. Repito: temeroso. Pero con el firme propósito de reinventarme del todo, aun sabiendo que puede que no sea capaz de lograrlo.

“Los que renuncian son más numerosos que los que fracasan.” Henry Ford.

Join the discussion Un comentario

  • MARIA dice:

    SOY AFORTUNADA POR HABER CAIDO EN MIS MANOS “LA VENGANZA ESQUIVA”, YA QUE, AUNQUE ES EL
    PRIMER LIBRO DEL AUTOR ADRIAN MARTIN, ME HA PARECIDO ESTUPENDO Y FACIL DE LEER.
    LO RECOMIENDO CON TODA GARANTIA Y ESPERO SE ANIME A CONTINUAR DELEITANDONOS CON SUS
    BONITAS HISTORIAS.

Deja una respuesta